La talla es una operación por medio de la cual a una piedra bruta se da una forma según las propriedades opticas del
mineral,sus características cristalinas y la posición de las posibles inclusiones o defectos.
La talla de la esmeralda requiere una larga y paciente especialización, precisión y pasión.
Casi siempre ella es un compromiso entre alcanzar la máxima belleza de la gema y obtener la piedra
preciosa de mayor tamaño. Las esmeraldas, tales como se extraen de de las minas, carecen del
esplendor que adquieren en manos de los artístas lapidarios. Ese proceso exige una técnica y
gusto artistícos especiales. Un cortador experto debe estudiar previamente la piedra para conocer
la localización del color, cuando éste se presenta sin homogeneidad, y dejar el foco coloreado en
el cono para que sirva de medio reflejante al cristal de la cara.
Cortada la piedra, viene la operación de desvaste que define su forma y se pasa luego a la faceteada y púlida.
Las facetas de una piedra técnicamente tallada, hacen las veces de un juego de espejos que refractan la luz entre
sí hasta llevarla a la cara de la gema, consiguiendo así su máximo brillo, siempre que el material posea buena
cristalización.
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Talladores y empresarios estudian el bruto en todas sus características: el color, la forma, la posiciòn de
los posibles defectos tales como fracturas o inclusiones , y tentan de visualizar
las piedras a partir de la apariencia del bruto. Es necesario someter cada gema a un examén
cuidadoso de sus cualidades y defectos en consideración de la extensa gama de tamaños, colores, pureza,
cristalización, forma y brillo, universalmente reconocidos como elementos básicos en la escala de valores,
útil por un correcto evalúo de las piedras. El conocimiento del bruto es la clave, pero el bruto muchas
veces es imprevisible y esta es la razón de usar mucha prudencia en las compras del material.